La comida de domingo. American Horror Story

por ALVIN STRAIGHT



Están encerando las escaleras y supervisando los tejados. Terminarán dentro de poco pero no se molestarán en echar desengrasante a la cadena del columpio. La dejarán que suene con el viento, como siempre. Los de Cuatro acabarán su trabajo y abrirán la puerta de la casa encantada a esa familia americana que quiere empezar de cero detrás de unas enormes puertas de madera, peleando por no pelearse más, dejando atrás los síntomas de ruptura. Qué pocas películas de miedo han visto, los pobres.

En realidad no tendrían que haber visto muchas; con ver alguna era suficiente. Porque American Horror Story es, antes de nada, una antología del miedo audiovisual. Si un domingo se hubiesen comportado como una familia, se hubiesen quedado en casa y hubiesen puesto unas palomitas en el microondas podrían haber visto El Resplandor o La Semilla del Diablo, por poner dos clásicos y referentes evidentes aquí. Ahora podrían hacer las cosas de diferente manera. Quizás fueron Brad Falchuk y Ryan Murphy, los creadores de esta serie, quienes no les dejaron verlas. Les entretuvieron dejando que jugasen a la familia típica de ficción (padre que engaña a madre e hija que odia a todo el mundo) mientras ellos hacían su trabajo y se las veían absolutamente todas.

Estos dos muchachos, en su momento creadores de la convulsa Nip and Tuck (no he visto la serie entera pero hay escenas que, años después, recuerdo perfectamente) y de la exitosa Glee, se han puesto a los fogones del terror. Han cogido el conejo y lo han metido dentro del pollo y eso dentro de un pato y eso dentro de un pavo y eso dentro de un cerdo y eso dentro de una vaca. Unas seis horas al horno y sentados en la mesa. El Turduken del miedo, que sabe un poco a todo y que, sobre todo al principio, sorprende. Después se te pasa el hambre y pierdes el interés a pesar de ese gran ingrediente final, que es hacer manifiesta la sexualidad. Ellos tienen que comer hasta que el plato se quede limpio; tú tienes que asustarte con cosas con las que ya lo habías hecho.

Cuatro apuesta por traer ficción americana de género para esta primavera. Una historia de miedo que empacha a pesar de una ambientación muy buena y de la que (y es una pena) no han aprovechado la campaña previa a su lanzamiento en Norteamérica. Pero no nos pongamos tontos, lo importante es que la traigan. Ya no por buena o mala, sino por apostar por algo fuera del para-toda-la-familia. Algo que yo defiendo tanto como los columpios engrasados.

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