Graba, que viene el miedo. The River.

por ALVIN STRAIGHT

En las siguientes líneas deberíamos fumar en pipa y ponernos serios, teóricos, intensos. Hablemos del miedo y de la fascinación que genera, de la dificultad de explicar la sensación que produce si disfrutas con él. El campo de lo que se sale de la norma, de lo que no se puede explicar, de lo desconocido. De su conformación como agujero negro que todo lo atrae y que todo lo permite puesto que nadie sabe lo que realmente hay dentro.

Cada año salen cientos de películas y series que quieren llevarte a ese terreno. Conducirte a un gozoso malestar. Y, con tantos productos, podemos concluir que el miedo es heterogéneo. No me voy a parar a enumerar los distintos tipos. Lo importante es que suelen tener sus propios códigos y su propia ética. Tienen en común (en realidad lo tienen con casi todo, no solo en el cine) que el triunfo es la excepción. Es mucho más probable que no lo consigas pero, si lo haces, este género te coloca en un desconcertante altar de sombras, mala iluminación, sonrisas malévolas y a algún niño en pijama cantando una nana con la cara ensangrentada. Te conviertes en una persona que da miedo.

Eso le pasó a Oren Peli (incluso a Jaume Collet-Serra. Sí, un español en medio de la concepción del piloto). En concreto con Paranormal Activity, al volver al bajo presupuesto y la apariencia casera como instigadores del miedo. Trajo de nuevo el “mockumentary”. Ya avisé de que nos íbamos a poner teóricos, de que íbamos a hablar de lo que se sale de la norma. Dos inhalaciones a la pipa de fumar y acomodarse en el sillón de intelectual. 

Esta fusión de términos que tanto les gusta a los americanos es también conocida como “falso documental”. Acercarse a la apariencia de realidad al usar elementos que no son habituales en la ficción. Entrevistas con supuestos protagonistas reales de las historias, cámaras al hombro, localizaciones reales, el uso del video o la apariencia de improvisación. Reproducción de técnicas propias del documental que dan lugar a creaciones en donde lo primero que te asalta es la duda de si lo que estás viendo es cierto o no. Por supuesto que no se lo ha inventado él (se hacía en The Blair Witch Project); por supuesto que no es exclusivo del género de miedo (fue bastante notorio Forgotten Silver).

Oren Peli lo hizo en Paranormal Activity, la gente gritó en las salas de cine y ahora le han pagado para fabricar una serie: The River. Han presupuesto que, si ya lo hizo una vez, podrá repetirlo. Ya es uno de esos tipos que da miedo. El problema es que ha usado los mismos recursos que en la pelicula.

El Doctor Emmet Cole es un aventurero con un famoso programa de documentales. Un buen día (a mi me gusta pensar que las cosas malas suceden cuando hace sol) desaparece en el Amazonas dejando a un hijo enfadado y a una mujer llena de culpa. Se le da por muerto hasta que vuelve una señal de localización que proviene de su barco y un productor quiere grabar ese viaje con la madre, el hijo y otros personajes. Es una serie sobre hacer un documental donde todos esconden algo y empiezan a suceder cosas extrañas. Mezcla lo anteriormente dicho: combina la imagen de rodaje con la de las cámaras que graban, le pone fecha y hora a los acontecimientos, se usan esos planos subjetivos y cortos que crean sensación de angustia, la luz viene muchas veces únicamente del foco de la cámara e, incluso, se suprimen los tacos como si ya estuviese editado, como en los vídeos de raperos para la MTV. 

Todo esto está muy bien, con la única diferencia de que aquí no se esconde el artificio. No hay duda de que esto es ficción. Es algo buscado y que deriva en una historia de miedo más convencional. Un lugar misterioso y distintos trucos para rodarlo. Esto no la hace mala pero, para mi, sí menos interesante.

Esto ha sido la clase teórica. Esto es The River. El propio Doctor Cole lo repite unas cuantas veces al principio: Hay magia ahí fuera.

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