Vis a Vis descafeinado. Alcatraz.

por ALVIN STRAIGHT


Enciende la grabadora porque solo lo diré una vez: Alcatraz me da completamente igual. Incluso creo que no me gusta.

Me he encontrado una serie procedimental (hay un caso/crimen, la trama central trata de resolverlo y en un nivel superior hay una historia que se desarrolla durante toda la temporada) anodina. Con efectos especiales caros y purpurina, pero insípida. Con oraciones enunciativas de “yo soy ..”, “tú mataste a…” sin que me de tiempo a imaginarme nada. Con prisa, con todo hablado, con ganas de emocionarme con unas imágenes bien hechas (que lo están) pero una historia insulsa.

Alcatraz cerró en 1963 pero en realidad no lo hizo. Esa es la premisa de la serie. Los que ahí estaban desaparecieron y ahora vuelven como si el tiempo no hubiese pasado por ellos. Nos dicen que esto no ha hecho más que empezar y, permitidme que lo diga, quien lo desencadena todo es una niña curiosa (discípulo aventajado de la factoría Spielberg, este JJ Abrams, con esa manía por los niños).

Alcatraz vuelve a la introducción de lo irreal en lo real. Y aquí quiero detenerme porque, a diferencia de otros ejemplos, en esta serie ni se inmutan. -Ah, ese es Jack Delayne con la misma cara que hace cuarenta años, pues que bien, oye, que bien le queda el pelo. Nadie se sorprende, ni pasa miedo. Nada. Ni siquiera existe ese tránsito explicativo. ¿Por qué? Por el misterio. Alcatraz  quiere ser una serie de misterio todo el rato y, para ello, te levanta eternas expectativas con la ilusión de que veas toda la temporada; las explicaciones ya vendrán en el capítulo diez. Pues yo no me he mordido las uñas.

Eso sí, nada de lo anteriormente dicho significa que vaya a ser un fracaso. Se presenta claramente el conflicto, se intuye un camino peligroso y secreto que te repite al final uno de los protagonistas por si no te habías enterado, intuyo que no será difícil de seguir aunque te pierdas un capítulo y es una apuesta por la espectacularidad. Si se convierte en fracaso, puede que tenga su parte de culpa esa maldita etiqueta de “el nuevo Lost“, que es como la de “el nuevo Michael Jordan”. Una broma de mal gusto.




Ah, y sale Hugo “Hurley” Reyes.

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