‘Aída’ y el veinte por ciento

por ALVIN STRAIGHT

Volvió Aída. Volvieron a dormir bien los ejecutivos del club de las series sencillas y para toda la familia, los que creen que nadie quiere algo complicado para un domingo por la noche. Y se levantaron contentos porque tienen razón. A medias.

Primero, porque nadie puede decir que Aída sea algo sencillo. El resultado puede parecerlo, pero una serie que no sólo ha sobrevivido, sino que ha vivido durante ocho temporadas, no merece ser reducida. Tramas estiradas, decorados limitados, personajes que se van, dos chistes por página de guión o risas enlatadas cada cinco segundos. Todas parecen trabas a la hora de crear; un puzzle a montar. Algo tienen que hacer bien en la fábrica de Globomedia y no voy a ser yo el que diga lo contrario.

Esos ejecutivos llegarán con una cifra redonda a la oficina. Veinte. El veinte por ciento de las personas con la tele encendida (según el mesías share) estaban viendo Aida el domingo por la noche. Y eso, amigos, hace que se te hinche el pecho y empieces a hablar con más propiedad. Que hayas descubierto el Santo Grial, que alumbres a los mortales con reducciones. Ahí viene el segundo problema.

Aída es un hecho excepcional, como antes lo fueron otros. No un dogma. Eso es lo que creo. “Podemos cambiar el barrio por un único bar y ponerlos a hacer chistes” o “vamos a hacer que sean muy paletos en un barrio de ricos. Claro, diciendo cosas graciosísimas”. Los chistes están muy bien porque todo el mundo quiere reírse, pero alguien se está equivocando. Alguien que traduce las cifras en dinero por publicidad y da apretones de manos que propician estrenos que nadie quiere ver.

A mí Aída no me gusta, no me hace gracia (- Risoterapia? – En tu caso deberia ser lacioterapia…¿EN SERIO?). Ya lo he dicho. Pero a ti y a otros muchos sí. Por la razón que sea. Y no vale acercar las matemáticas para justificar otros proyectos que alimentan el cliché de que se hace lo que la gente pide. También que el presupuesto es escaso, que la producción es veloz o que los americanos hacen mejor otras series. Incluso que el límite lo marcan los guionistas porque no tienen capacidad para otra cosa (mejor o no, pero otra cosa). No vale.

Pero su parte de razón, la empírica, la de las cifras, llevará a quienes lo hacen y quienes luego lo compran (productora y cadena de televisión), a olvidar que vosotros queréis ver Aída. No a los primos de Cuenca de Aída haciendo el mismo chiste que ella. Se olvidarán de que es algo único y a la vista de ese número veinte redondo y casi inalcanzable, me temo, volverán a la carga con algún producto en serie.

El problema no es que triunfe Aída. El problema no es que triunfen las series españolas. El problema son las fotocopias. Y el precio del transporte, pero ese es otro tema.

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